La vía más corta para llegar de un punto a otro es exactamente la contraria a la más larga.
H se levantó un día decidido a llegar. No le importaba dónde, ni cómo. Sabía solamente que todos sus problemas se solucionarían si lograba llegar.
Tomó el primer atajo que encontró y no tardó en estar perdido.
- No importa – Se dijo – Sólo tengo que encontrar un punto de referencia.
En ese momento pasaba una tortuga, y viéndolo así tan consternado, se detuvo y con voz calma le habló:
- Tu problema radica solamente en que erraste en el punto de partida.
H, pensativo, decidió entonces retornar sobre sus pasos cautelosamente, tratando de recordar cada detalle del camino que había recorrido.
Cuando luego de varias horas logró llegar, se dio cuenta de la verdad suprema: las tortugas no hablan.
H se levantó un día decidido a llegar. No le importaba dónde, ni cómo. Sabía solamente que todos sus problemas se solucionarían si lograba llegar.
Tomó el primer atajo que encontró y no tardó en estar perdido.
- No importa – Se dijo – Sólo tengo que encontrar un punto de referencia.
En ese momento pasaba una tortuga, y viéndolo así tan consternado, se detuvo y con voz calma le habló:
- Tu problema radica solamente en que erraste en el punto de partida.
H, pensativo, decidió entonces retornar sobre sus pasos cautelosamente, tratando de recordar cada detalle del camino que había recorrido.
Cuando luego de varias horas logró llegar, se dio cuenta de la verdad suprema: las tortugas no hablan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario