- Los árboles tienen hojas. La sopa nunca esta demasiado fría.
- No entiendo, maestro – replicó tímido el monje
- Ve a buscar la mantaraya. Ella te dará la solución
-¿Dónde mierda voy a encontrar una mantaraya acá en el Tíbet? – Gruñía en sus pensamientos. Las moles rocosas salpicadas de nieve le parecían cagaderos de aves gigantes. Se figuró que podía existir una mantaraya voladora que se devorara a su maestro. Buscó sin esperanza alguna durante cien lunas. Nada. Sólo peces y unas ranas. Volvió cabizbajo y refunfuñando. Cuando se le apareció el maestro, de un golpe le partió la cara. Y como un shock eléctrico, súbitamente lo entendió todo.
- No entiendo, maestro – replicó tímido el monje
- Ve a buscar la mantaraya. Ella te dará la solución
-¿Dónde mierda voy a encontrar una mantaraya acá en el Tíbet? – Gruñía en sus pensamientos. Las moles rocosas salpicadas de nieve le parecían cagaderos de aves gigantes. Se figuró que podía existir una mantaraya voladora que se devorara a su maestro. Buscó sin esperanza alguna durante cien lunas. Nada. Sólo peces y unas ranas. Volvió cabizbajo y refunfuñando. Cuando se le apareció el maestro, de un golpe le partió la cara. Y como un shock eléctrico, súbitamente lo entendió todo.
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