lunes, 24 de marzo de 2008

Sin título

El horizonte estaba justo en ese punto que pasa a ser un desenfoque del borde de la tierra, como un detalle mirado con detención en una pintura. El trigo brillaba de un café dorado, por millones. En el fondo, y un poco a la derecha del único árbol que se erguía como referencia, un ojo negro rajaba como a un vientre inflado, al universo.

Hay en algún lugar, una danza. Hay lugares comunes, como el viento o el fuego, y otros lugares extraños, como una caverna empapelada en terciopelo barato. Hay temas recurrentes, y temas que demoran.

El ojo de a poco se agranda y va consumiendo aquello que lo rodea.

Hay ranas venenosas en la selva, de colores fuertes. Hay copihues de colores fuertes. Los copihues y las ranas son objetos comunes. Hay objetos no comunes, como una espátula de hilo de pescar.

El vacío absoluto es un lugar común. Va devorando lentamente todo el trigo brillante de un planeta donde existe tan sólo un único árbol, un único punto de referencia.

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